Granulext

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Nuestra historia

Impulsando e innovando la industria corchera desde hace más de 100 años.

HISTORICO EN EL NEGOCIO DEL CORCHO DE LA FAMILIA PRADO

Realmente, el que inició la andadura en el corcho fue Antonio de Prado Amatriaín, un señor de una distinguida familia dedicada a la agricultura y ganadería y que quedó huérfano a los 8 años de padre y de madre criándose con sus primos hermanos que, curiosamente, se apellidaban igual que él.

Siendo esto cierto, no sería justo obviar a su suegro Zacarías Cordero Talavera, un comerciante que llegó de Brozas a finales del siglo XIX y que se instaló en San Vicente de Alcántara. Se ve que era un hombre muy listo y trabajador, enseguida empezó a prosperar y sus éxitos no pasaron desapercibidos. Un señor importante en la época en San Vicente de Alcántara le montó un negocio a su hijo y al morir este por la tuberculosis, llamó a Zacarías Cordero y le propuso que se quedara con la fábrica que había montado en pleno corazón del pueblo, para su hijo y por la que había perdido toda la ilusión. Zacarías Cordero, apodado el “FRESCALLÓN”, apodo que le puso la que después fue su mujer el mismo día que llegó a San Vicente al ver su físico, alto y fuerte, le contestó que no disponía del dinero para comprarle la fábrica, este señor le insistió invitándolo a que aceptara su ofrecimiento y le fuera pagando a medida que fuera pudiendo.

Así nació la emblemática fábrica del “FRESCALLON”. En principio fabricaba aceite y harinas, elementos muy necesarios en aquella época convulsa, después, antes de que las grandes compañías eléctricas llegaran a Extremadura puso un generador de energía y vendía electricidad a los vecinos que se lo podían permitir, hay que poner de manifiesto que, por entonces, la población de San Vicente de Alcántara duplicaba la actual.

No solo pagó en un espacio corto de tiempo la fábrica, también ganó el dinero suficiente para montar una pequeña banca.

Zacarías Cordero tuvo dos hijos Zacarías y Carmen Cordero Sellés, el varón estudió medicina y Carmen se casó con Antonio de Prado Amatriaín. A la muerte precipitada y desafortunada de Zacarías Cordero Talavera, víctima de diabetes con poco más de los 50 años, se hizo cargo del negocio su yerno Antonio de Prado Amatriaín, dedicado entonces a la ganadería en tierras heredadas por su tío Modesto Amatriaín, militar y soltero. La fábrica se la quedó solucionando la herencia con permutas patrimoniales con su cuñado Zacarías con quien mantuvo siempre una relación extraordinaria, realmente era difícil llevarse mal con él, el nuevo “FRESCALLON”.

El matrimonio formado por Antonio y Carmen tuvieron 4 hijos, dos varones y dos hembras, una de ellas murió siendo muy pequeña.
Mandaron a sus hijos Ricardo y Zacarías a estudiar, Carmen 9 años más pequeña que Zacarías, como era típico en la época, se quedó en casa aprendiendo a ser una señora de su casa.
El origen del sector corchero en San Vicente de Alcántara lo trajo el Sr. Henry Buchnall en 1.872, el negocio se impulsó mucho con la llegada del ferrocarril en 1.880. Después la compró George Robinson en 1.888 y la mantuvo hasta 1.902 como fábrica de corcho y curtido de pieles con los taninos del mismo.
Finalmente esta fábrica, llamada “LA FABRICA DEL INGLÉS” pasó a manos de la familia Prado montando fábrica de preparación de corcho a la vez que los molinos de harina y las prensas de aceite de la otra fábrica se reconvirtieron en fábrica de granulados.
Cuando se inicia la Guerra Civil Ricardo fue movilizado y mandado al frente, enseguida lo hicieron oficial, Zacarías al tener a su hermano ya en la guerra no tuvo que ir. Cuando terminó la guerra Ricardo tuvo la disyuntiva de seguir su carrera militar, era muy próspera, con poco más de 20 años era Teniente y podía haber llegado a General, o entrar en el negocio, optó por la segunda opción y su padre aprovechó para continuar preparando corcho en la fábrica del Inglés, compatibilizándolo con su verdadera vocación de ganadero.
Ricardo se casó con Iris Aymerich, hija única de D. Narciso Aymerich, ya después Zacarías lo hizo con Matilde Habela. Decidieron montar una filial en Constantina (SEVILLA) y Zacarías se fue a vivir allí para hacerse cargo de esta empresa, allí nacieron tres de sus cuatro hijos.
En los años 50 Ricardo decide irse a Algeciras para llevar la fábrica de corcho en plancha de su suegro, CORCHOS EXTREMEÑOS, pasados unos años llevando la empresa de San Vicente de Alcántara una persona contratada, se cierra Constantina y se hace cargo de la empresa de San Vicente de Alcántara Zacarías. El padre de ambos siguió con La Fábrica del Inglés y su ganado, este negocio siempre lo mantuvo con la idea de que fuera para su hija, casada con Isaías Benito, Químico de gran valía, padeció durante años una grave enfermedad y siempre lo acompañaba, desde muy pequeño el único hijo varón de su hija, finalmente este siempre se dedicó al corcho.
Es cierto que la empresa creció, hubo momentos muy buenos, la serenidad de Ricardo contractaba con las inquietudes de Zacarías, en todo caso siempre mantuvieron una relación fantástica. Con el crecimiento de la empresa, Zacarías se puso a hacer lo que mejor sabía, vender, Ricardo, entonces una persona influyente ayudó a exculpar a un señor portugués que le achacaron causas injustas en la empresa que dirigía en Portugal, Antonio Iglesias Cruz, gran hombre, dominaba 7 idiomas y se abrió oficina comercial en Madrid, primero en C/Alcalá 200 y después en C/ Embajadores 100. Se recorrieron el mundo y crearon un mercado, entonces impensable para cualquier empresa en Extremadura. Fueron años extraordinarios.
Ya pasados unos años después de la Muerte de Antonio de Prado Amatriaín, empezaron su andadura en el corcho otra generación, Antonio de Prado y Rafael Benito. Ricardo tenía un hijo varón, pero nunca tuvo inquietud por el negocio. Bajo la tutela de Zacarías, tanto en los negocios de corcho como en los de ganadería, Antonio y Rafael empezaron desde abajo, segando heno, moliendo pienso, cargando camiones y vagones, entrando en turnos en los molinos, etc., etc. No ponía la hora de irse a la cama pero si la de levantarse a trabajar.
Con la crisis del granulado, por múltiples factores, sobre todo la sustitución de la capsula de refrescos (Coca-Cola, Pepsi-Cola ,etc.) y de la cerveza por el plástico, no solo el negocio quebró, también se diluyó el sueño de Zacarías, Manufacturas del Corcho Prado, S.A. constituida y con el proyecto hecho. Zacarías no se rindió, con su hijo y su sobrino y 25 trabajadores de la empresa, los que no quisieron entrar en la aventura fueron indemnizados, nació SALCO, SOCIEDAD ANÓNIMA LABORAL DEL CORCHO, Rafael, después de unos años decidió emprender su andadura con el corcho en plancha, Antonio siguió al lado de su padre y finalmente culminó en lo que es hoy en día GRANULEXT, S.L.

 

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